La desertificación y la sequía en España

La sequía es un aspecto cíclico del clima mediterráneo, ya que suele darse cada 10 años, aproximadamente. Cada 17 de junio se celebra el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, y esto pone de relieve la catástrofe ante la que nos enfrentamos. En el mundo hay bastantes zonas desérticas, mientras que otras no lo son, pero, poco a poco, se están transformando en las primeras también. Este es el caso de España, un país que año tras año es testigo de una bajada de las precipitaciones y, por ende, del nivel de agua de los embalses. 

Existen ciertos factores (como las variaciones naturales, por ejemplo) que pueden propiciar estos fenómenos, pero cada vez hay más estudios que correlacionan las sequías con la influencia de la actividad humana a nivel mundial, especialmente a comienzos del siglo XX. Por lo que se establecen dos factores que contribuyen al aumento de las sequías: la influencia de la actividad humana y el cambio climático (que, finalmente, es provocado por el ser humano, también). 

El cambio climático provoca, además de un aumento de las temperaturas, cambios en el ciclo hidrológico. Esto significa que el clima tiende a ser más extremo, por lo que en aquellos lugares del planeta en los que suele llover mucho, lloverá más; mientras que en aquellas zonas en las que las precipitaciones no suelen ser abundantes, acabarán escaseando aún más. Por tanto, en España, la cual se encuentra en el segundo grupo, vivimos periodos de sequía aún mayores con el transcurso de los años. 

LA SEQUÍA EN ESPAÑA

Debido al cambio climático, en España se está viviendo una tendencia en la que cada vez llueve menos y cuando lo hace es de mayor intensidad, lo que provoca inundaciones e innumerables destrozos, así como una mayor erosión del terreno. Además, se observa cómo las zonas con clima semiárido en el territorio español han aumentado en un 6% desde mediados del siglo XX, es decir, 30.000 km2 más, siendo el sur y el sureste peninsular las zonas más afectadas. Asimismo, las previsiones futuras no son muy positivas, ya que se estima que, para finales del siglo XXI, el 75% del país se encuentre en riesgo de desertificación. 

Con respecto a la forma en la que la actividad humana influye directamente en las sequías, encontramos diversas industrias. En primer lugar, las empresas del sector energético necesitan agua para poder generar electricidad. A ello se le suma que, debido a las sequías, la producción de energía hidráulica ha descendido notablemente, mientras que el uso del carbón ha aumentado. 

En segundo lugar, encontramos la pérdida de masa forestal, ya sea a causa de los incendios o de la tala masiva de árboles. Dicha pérdida provoca que el agua que se encuentra en la superficie se evapore más rápidamente. Esto puede parecer un proceso natural y, en efecto, así es; pero si a ello se le suma la extracción masiva de agua de los acuíferos y embalses, observamos cómo las reservas naturales de agua en el terreno acaban siendo mínimas. 

Por su parte, asociaciones ecologistas como Greenpeace denuncian la falta de medidas políticas para frenar la desertificación que se está viviendo en España. Cada vez son más las poblaciones que viven día tras días con restricciones en cuanto al consumo de agua, o, en el peor de los casos, con un abastecimiento a través de camiones cisterna. Esto se da, principalmente, en regiones de Castilla y León o de Andalucía, pero ocurre también en otras comunidades autónomas. 

A causa de todo esto las cifras que azotan a España son estremecedoras: los veranos son casi cinco semanas más largos que en los años 80, se estima que el nivel del Mediterráneo aumenta alrededor de 32,4 mm por año, y los bosques retienen cada año entorno a un 0,2 y un 0,3% menos de carbono a causa del aumento del CO2 y de las sequías. 

Por estas razones y ante la falta de medidas por parte del poder político se hace cada vez más necesaria la concienciación ciudadana en cuanto al consumo de agua. Mediante un consumo responsable podemos evitar una catástrofe mayor y más cercana. Es momento de mitigar los efectos del cambio climático y de la irresponsable actividad humana para obtener con ello un futuro mejor.

Es la mala gestión de los residuos una de las principales causas de emisión de gases invernadero y por tanto, causa directa del cambio climático. Asimismo, España se encuentra entre los países europeos que peor gestión hace de los residuos.

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