Decálogo de buenas prácticas mediambientales para las empresas

Las empresas se constituyen como importantes consumidoras de recursos naturales, así como generadoras de residuos, a causa de sus procesos productivos y su actividad mercantil y/o de prestación de servicios. Es por ello que influyen notablemente en la degradación del medioambiente. No obstante, disponen de conocimientos y recursos para minimizar en la medida de lo posible el impacto medioambiental que provocan. A esto se le suma la cada vez mayor concienciación social sobre la importancia de preservar el medioambiente. 

Las empresas y sus trabajadores están situados como agentes potenciales para fomentar la reducción de la contaminación y la extracción de recursos naturales. Pero para conseguir esto, la empresa en cuestión debe incluir en su filosofía empresarial la protección del medioambiente como un pilar fundamental, por lo que tendrá que estudiar minuciosamente cuál es su impacto: qué recursos extrae, materiales y equipos disponibles para llevarlo a cabo, qué residuos genera, sus vertidos, etc. 

Asimismo, el respeto medioambiental de empresas y trabajadores no se limita únicamente a la actividad puramente laboral, sino que también es necesario que se establezcan protocolos a nivel interno para un mejor aprovechamiento de los recursos de los que se dispone. Entre estos encontramos el correcto uso de la luz y el agua, por ejemplo. A través de la eficiencia energética se puede reducir aún más el impacto medioambiental de la corporación.

¿CÓMO PUEDEN LAS EMPRESAS REDUCIR EL IMPACTO MEDIAMBIENTAL?

  • Optimizar el consumo de agua: esto consiste tanto en cerrar los grifos cuando no sea necesario, como en arreglar las fugas o llevar a cabo un buen mantenimiento de las instalaciones. Asimismo, mediante la instalación de dispositivos de regulación caudal, limitadores de presión o sistemas eficientes de riego, entre otros; se puede conseguir una reducción del consumo de agua de la empresa. 
  • Hacer uso de la electricidad cuando sea necesario: se deben apagar las luces cuando sean innecesarias, ya que es un falso mito cuando afirman que al volver a-+ encender las bombillas fluorescentes se consume más electricidad. También, tenemos que tener presente que se iluminarán solo aquellas áreas que estén siendo utilizadas y que se regulará la luz en función de la necesidad. Ello se debe a la posibilidad de hacer uso de la luz natural. 
  • Mantener una adecuada climatización: si se provee a las instalaciones de un buen aislante térmico, no se dependerá tanto de la calefacción o del aire acondicionado. Es por ello que ante todo se buscarán alternativas más ecológicas como es hacer uso de la regulación natural de la temperatura abriendo las ventanas, por ejemplo. Además, encontramos cuestiones sanitarias de por medio, ya que no es recomendable que haya una diferencia de 12º C con respecto a la temperatura exterior. 
  • Reducir el ruido: la contaminación acústica es también una realidad, ya que afecta al medioambiente. Esta es otra de las razones por las que un buen aislante es fundamental. 
  • Apagar siempre los aparatos eléctricos: en el momento en el que la jornada laboral se da por finalizada se deben apagar los equipos (como ordenadores) y se desenchufarán. Esto último se debe a que, aun apagados, los equipos siguen consumiendo electricidad si se encuentran conectados a una fuente de energía.
  •  Reducir el consumo de material: el mejor ejemplo de ello es el papel. Gracias a la digitalización se ha reducido notablemente el malgaste de este material. Por lo que debemos continuar replanteándonos si es o no necesario imprimir algo. 

Depositar los residuos correctamente: para contribuir a la correcta gestión de residuos y a su posterior reutilización y reciclaje, la empresa deberá solicitar información sobre ello periódicamente. Además, dichos residuos se entregarán a un gestor autorizado para tratar con él, independientemente de que sea un residuo peligroso o no peligroso.

Decálogo de las buenas prácticas medioambientales para las empresas
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