La basura espacial, un problema cada vez más serio

Los residuos se generan de forma diaria, pero no solo en la Tierra, sino que en el espacio se acumulan cada vez más residuos que conforman la llamada ‘basura espacial’. Según la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), la basura espacial es uno de los asuntos más urgentes a tratar, “un problema cada vez más serio”, afirma. Se trata de una cantidad desconocida de chatarra que rodea al planeta y que amenaza a los satélites y a los astronautas que allí se encuentran. Asimismo, es un problema que afecta, también, al planeta Tierra en sí. Esto se debe a que un creciente número de esta chatarra llega a la superficie terrestre, lo cual supone un riesgo medioambiental y sanitario.

En 1957 comenzó la era espacial con el lanzamiento del Sputnik, y desde entonces se han lanzado toneladas de cohetes, naves e instrumentos al espacio. En estos inicios, la basura espacial no se consideraba como una amenaza, por lo que no se preveía qué iba a ocurrir con ella. Esto ha provocado que la cantidad de chatarra no pare de crecer, lo cual deriva en que aumente el número de explosiones y colisiones que, a su vez, generan cientos de miles de desechos peligrosos.

Tal y como afirma la ESA, actualmente hay entre 600 y 700 satélites en funcionamiento, mientras que las agencias espaciales controlan la trayectoria de alrededor de 9.000 objetos, todos ellos fabricados por el hombre. Esto demuestra que el 93% de los objetos que se encuentran en el espacio son basura espacial, “restos inútiles de los 5.500 satélites que han sido puestos en órbita” desde 1957, como corrobora la ESA. Las dimensiones de estos objetos que componen la basura espacial varían, ya que pueden ser de menos de un centímetro o de varios metros.

EL PROBLEMA DE LA BASURA ESPACIAL

El problema de la basura espacial no reside únicamente en que se esté contaminando esta área. El verdadero problema se encuentra en que en varias ocasiones la basura espacial acaba llegando a la superficie terrestre. Normalmente, cuando la chatarra llega a la atmósfera se desintegra. Sin embargo, hay ocasiones en las que esto no ocurre y, a pesar de que lo más probable es que estos objetos aterricen en zonas deshabitadas, pueden llegar a impactar en ciudades. Por ejemplo, en mayo de 2021 cayeron al Océano Índico los escombros del cohete chino Long March-5B Y2 (un cohete de 20 toneladas). Afortunadamente cayó en el océano por lo que no hubo que lamentar la pérdida de vidas, aunque si supuso un impacto medioambiental, y manteniendo la incertidumbre de dónde caería exactamente hasta el último momento.

Asimismo, otro de los peligros que suponen estos objetos es la probabilidad de impactar con aquellos que sí se encuentren en funcionamiento. Por ejemplo, los transbordadores estadounidenses tripulados han tenido que realizar a lo largo de la historia seis maniobras para evitar choques con la basura espacial. Pero esto no se realiza únicamente con grandes objetos, sino que, tal y como alerta la ESA, “una partícula de un centímetro a 28.800 kilómetros por hora es un proyectil capaz de dejar fuera de juego un satélite de 100 millones de euros”.

Desde el inicio de la era espacial, el número de desechos y el área que ocupan no ha parado de aumentar. Esta última tiene tanta importancia debido a que se relaciona directamente con las colisiones que se esperan en un futuro. “Se prevé que las colisiones entre desechos espaciales y satélites en funcionamiento pasen a ser la fuente principal de generación de residuos, superando a las explosiones”, afirma la ESA. Es por esto que se establecen directrices y normas internacionales que especifican claramente cómo mantener de forma sostenible el espacio. Pero no siempre se cumple, un ejemplo de ello fue el cohete chino, cuyo gobierno fue etiquetado por la NASA de irresponsable y poco transparente al respecto.

Desde que este problema se ha convertido en algo serio, se están intentando realizar las actividades espaciales de forma sostenible. No obstante, la basura espacial es una realidad y sigue ahí. Se barajan diversas opciones para erradicar este problema. Una de ellas, y posiblemente la más eficiente, sería recoger la basura espacial. Pero estos proyectos aún no están desarrollados de manera viable y, por ende, no están respaldados económicamente. Lo importante de todo esto es que se está tomando cada vez más conciencia del riesgo que suponen estos residuos, tanto en el espacio, como en la superficie terrestre.

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