El amianto y el cambio climático

El cambio climático es una de las mayores preocupaciones de nuestros días, ya que las consecuencias se están evidenciando en el presente. La dependencia a los combustibles fósiles y la emisión de gases de efecto invernadero están provocando distintas catástrofes que se agravarán en el futuro si no se frena dicha dependencia. Entre estos desastres encontramos el aumento de la temperatura media mundial o la subida del nivel del mar. 

No obstante, si no se llevan a cabo medidas drásticas seremos testigos de aquellos impactos económicos y sociales que, también, serán cada vez más graves: Daños en las cosechas y en la producción alimentaria, las sequías, los riesgos en la salud, o los fenómenos meteorológicos extremos; entre otros. Estos últimos, entre los que encontramos las tormentas, las danas o los huracanes; pueden provocar, además, otra catástrofe sanitaria y medioambiental más: el aumento de la exposición a las fibras de amianto de la población

Cuando se han sufrido en España fenómenos meteorológicos de esta índole, como Leslie en 2018, Pablo en 2019, o Filomena en 2021; no ha sido de extrañar contemplar naves industriales con las cubiertas destrozadas u otro tipo de daños en distintas edificaciones e instalaciones. Como ya es sabido, el amianto fue prohibido en España en el año 2002, pero son numerosos los lugares en las que sigue residiendo debido a que no se ha llevado a cabo en nuestro país un plan de desamiantado. Por tanto, es aquí donde se establece esa correlación entre este material y el cambio climático. 

El amianto es considerado por la OMS como un elemento cancerígeno de tipo 1, por lo que si la cubierta de un edificio, la cual ha sido fabricada con fibrocemento con amianto, por ejemplo; se derrumba o sufre algún deterioro, las fibras de amianto son liberadas y quedan en suspensión. Posteriormente, pueden ser inhaladas por aquellas personas que allí se encuentren, provocando enfermedades pulmonares, principalmente, con un periodo de latencia bastante extenso (entre los 10 y los 30 años). 

EL AMIANTO COMO HERRAMIENTA EN LA ELIMINACIÓN DE CO2

Sin embargo, el asbesto puede contribuir a reducir el cambio climático. Sí, así es. Este material potencialmente cancerígeno está siendo investigado como forma de acelerar el ciclo natural del carbono y, por tanto, como forma de eliminar toneladas de CO2. 

Caleb Woodall, estudiante de posgrado del Instituto Politécnico de Worcester en Massachusetts (Estados Unidos), se aproximó en 2020 a una mina de amianto en California cerrada en 1980 para tomar muestras de este material. El propósito de ello era mandarlas a analizar para determinar qué cantidad de dióxido de carbono contenían y cuánto más podían almacenar. 

Con ello concluyeron que ciertos tipos de amianto fibroso, incluyendo el crisotilo (amianto blanco), al reaccionar con el dióxido de carbono, producen minerales de carbonato de magnesio como la magnesita, el cual es un material estable que podría bloquear el CO2 de efecto invernadero. 

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas pretende que para finales de este siglo se hayan capturado entre 100.000 y 1 billón de toneladas métricas de dióxido de carbono del aire. Al tratarse de una cantidad tan inmensa, se deberán buscar diversas alternativas para poder llevar a cabo dicha reducción, entre ellas se encuentra el uso de minerales para captar el dióxido de carbono de manera masiva

La mineralización está constituida como el principal mecanismo de la naturaleza del llamado ‘ciclo lento del carbono’. Este proceso consiste en que con el agua de la lluvia, el dióxido de carbono disuelve las rocas básicas y produce magnesio, calcio y otros compuestos, que acaban en los océanos. Allí es donde la vida marina hace uso de ellos, ya que se convierten en conchas y esqueletos que, posteriormente, se convertirán en piedra caliza y otro tipo de rocas. 

Actualmente, existen minerales suficientes para capturar el dióxido de carbono que hemos emitido. El problema reside en que la gran mayoría están en rocas sólidas, es decir, no tienen contacto con el gas de efecto invernadero, por lo que no pueden llevar a cabo este proceso. Además, las reacciones en las que el dióxido de carbono es capturado tardan mucho en llevarse a cabo, así que aun estando en la superficie, al ritmo que se emiten gases de efecto invernadero, el ‘ciclo lento del carbono’ no resulta eficaz en su totalidad. 

ACTUACIONES PARA FRENAR EL CALENTAMIENTO GLOBAL

Realizar varias intervenciones podría acelerar este proceso. Entre estas encontramos la propuesta por Caleb Woodall: Desenterrar los materiales, molerlos en partículas muy finas, esparcirlas en capas finas en una superficie extensa, ya que así se aumenta el área de superficie reactiva expuesta al dióxido de carbono; y usar ventiladores para aumentar el flujo de aire sobre el asbesto. El problema está en lo perjudicial que es el amianto para la salud y el medioambiente, por lo que hay que determinar el riesgo exacto de hacer volar las fibras que lo componen. Aunque, teniendo esto en cuenta, Woodall y su equipo han pensado otras opciones como echar agua sobre los materiales para evitar que el amianto se esparza en el aire, por ejemplo. 

Según los cálculos realizados, Woodall estima que un sitio de amianto en Vermont (Estados Unidos), con alrededor de 30 millones de toneladas de desechos, podría capturar hasta 12 millones de toneladas de dióxido de carbono. Por tanto, para conseguir cumplir con los planes establecidos por Naciones Unidas, se deberían desenterrar más desechos y esparcirlos de forma que la superficie alcance miles de kilómetros cuadrados. No obstante, esto constituye un adelanto en cuanto a la lucha del cambio climático se refiere, así como el uso de un material potencialmente dañino con el fin de conseguir un objetivo que beneficie a la sociedad.

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